Cancer Council

Mitos sobre el cáncer

El cáncer no es contagioso. No puede contagiarse a amigos o familiares o a otras personas como pasa con la gripe o el resfriado.

Según un estudio publicado en 2011, los pacientes de cáncer australianos nombran el estrés respecto al dinero y a su hipoteca como la causa número uno de su cáncer, por encima del tabaco, la obesidad o su historial familiar.  Una encuesta sin precedentes del Cancer Council entre más de 2.850 pacientes de cáncer ha revelado que casi la mitad de los encuestados desconocían la causa de su cáncer, y un cuarto pensaba que la enfermedad no se puede prevenir.

El estrés está relacionado con diversos problemas de salud, pero no provoca cáncer.

Aproximadamente el 30% de los casos de cáncer se pueden prevenir, realizando cambios sencillos en nuestro estilo de vida, como mantenerse en forma y activos, evitar el tabaco y reducir la comida basura. Estos cambios no solo ayudan a prevenir el cáncer, sino que mejoran nuestro día a día.

El azúcar en la dieta no es un factor de riesgo de cáncer. Sin embargo, consumir demasiado azúcar puede llevar a ganar peso, y el sobrepeso o la obesidad son factores de riesgo de cáncer de intestino, riñón, páncreas, esófago y endometrio (útero), así como de cáncer de pecho en mujeres posmenopáusicas.

Los edulcorantes artificiales como el aspartamo y la sucralosa no parecen estar relacionados con el riesgo de cáncer. El aspartamo también es conocido como la marca NutraSweet®, y se usa en productos como Equal® y Diet Coke®. La sucralosa se utiliza para elaborar Splenda®.

La sacarina se usa para hacer Sugarine® y Sweet’N Low® y a veces se incluye en refrescos bajos en calorías. En ratas, las dosis altas de sacarina pueden originar piedras en la vejiga, que pueden derivar en cáncer de vejiga. No obstante, la sacarina no parece causar piedras en la vejiga en humanos.  Si la sacarina incrementa el riesgo de cáncer en humanos, lo hace a dosis mucho mayores que las que se suelen consumir. En Australia, la autoridad en normas nutricionales Food Standards Australia New Zealand (FSANZ) establece niveles aceptables para todos los tipos de aditivos, incluyendo los edulcorantes artificiales.

Las hierbas y especias no parecen reducir el riesgo de cáncer en humanos. Los estudios en animales sugieren que el romero, el ajo, el comino, el jengibre y la cúrcuma pueden ser beneficiosos, pero se requiere más investigación. Es importante destacar que las cantidades de hierbas y especias que consumimos son muy inferiores a las cantidades de las pruebas científicas.

Sin embargo, las hierbas y especias contienen diversas vitaminas, minerales y antioxidantes, y pueden usarse en vez de sal para condimentar la comida.

La comida quemada solo es preocupante en el caso de la carne. Las aminas heterocíclicas (en inglés heterocyclic amines, HCAs) se forman cuando se cocina la proteína de la carne roja, el pescado o las aves. Se ha demostrado que estos compuestos causan cáncer de intestino en animales.

La cantidad de HCA producida depende de cómo se cocine, por cuánto tiempo y a qué temperatura. Intente no recocer ni quemar la carne en la barbacoa, y use un marinado o adobo. Adobar la carne evita que se carbonice, la mantiene tierna y le aporta sabor.

No hay pruebas de que las microondas causen cáncer. Las microondas generadas por los hornos microondas no permanecen en la comida cuando estos se apagan, y no provocan que la comida sea radiactiva.

La refrigeración parece reducir el riesgo de cáncer de estómago. Podría deberse a que con ella no se necesita sal para conservar los alimentos, o porque los alimentos perecederos como la fruta y verdura se mantienen más tiempo.

Los aditivos alimenticios son sustancias que se añaden a los alimentos para conservarlos y mejorar su color, sabor y textura. Los aditivos suelen estar presentes en pequeñas cantidades en la comida, y no hay pruebas convincentes de que ningún aditivo a estos niveles provoque cáncer en humanos.

En Australia, Food Standards Australia New Zealand (FSANZ) establece los niveles máximos de seguridad y controla los niveles de aditivos en el suministro de alimentos.

La irradiación de alimentos se usa para prevenir las enfermedades causadas por las bacterias en la comida. Por ejemplo, previene las infecciones por salmonella, que pueden estar presentes en productos avícolas como el pollo. El proceso consiste en exponer la comida a rayos gamma o rayos x para matar las bacterias. La radiación no permanece en los alimentos tras el tratamiento, y comer alimentos irradiados no parece aumentar el riesgo de cáncer.

Las aflatoxinas son un grupo de toxinas (compuestos químicos tóxicos) producidas por dos hongos llamados Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Estas toxinas pueden aparecer de forma natural en diversos alimentos, como los cacahuetes. Dependiendo de los niveles, las toxinas pueden afectar gravemente al hígado y causar cáncer de hígado en humanos. En Australia la aflatoxina no es un riesgo sanitario debido a las rigurosas pruebas que se realizan en diferentes etapas de la cadena alimenticia y a los procesos que se utilizan para eliminar los alimentos contaminados.

Los “alimentos orgánicos” son aquellos cultivados sin fertilizantes ni pesticidas sintéticos, aceleradores de crecimiento o modificaciones genéticas.

Los estudios realizados en Australia y en todo el mundo no han hallado diferencias significativas en las trazas de minerales o en el contenido en vitamina B de la fruta y cereales orgánicos comparados con aquellos cultivados usando métodos convencionales. No obstante, algunos estudios sugieren que los alimentos orgánicos pueden contener más vitamina C.

En este momento, no hay investigación que demuestre que los alimentos orgánicos son más eficaces para reducir el riesgo de cáncer que los producidos por otros métodos agrícolas. Por tanto, la elección de tomar alimentos orgánicos es totalmente personal.

Los pesticidas y herbicidas pueden ser tóxicos cuando no se usan adecuadamente. Aunque la fruta y verdura a veces contiene niveles bajos de estos productos químicos, hay una gran cantidad de pruebas científicas que apoyan los beneficios globales a la salud y frente al cáncer de comer fruta y verdura.

Actualmente no hay pruebas de que las dosis bajas de pesticidas y herbicidas que se encuentran en los alimentos aumenten el riesgo de cáncer. Se recomienda lavar y pelar cuidadosamente la fruta y la verdura.

La investigación ha analizado los efectos del flúor de los tratamientos dentales o que se añade a la pasta de dientes, al suministro público de agua o a los alimentos, y no ha hallado un aumento en el riesgo de cáncer.