Cancer Council

Hablar a los niños sobre el cáncer

Hablar de cáncer puede ser difícil, pero está demostrado que ser abierto con los niños les ayuda a enfrentarse al diagnóstico de cáncer de alguien cercano a ellos. Hay muchas razones por las que es mejor ser sincero con los niños.

Algunos padres evitan hablar de cáncer porque quieren proteger a sus hijos, pero es difícil guardar secretos. La investigación también demuestra que los niños a los que se les habla de la enfermedad de un ser querido tienen niveles de ansiedad inferiores a los de los niños que no lo saben. Los niños son observadores y sospecharán que algo va mal aunque la persona con cáncer no sea su progenitor sino un amigo o abuelo; esto produce estrés en los niños. Si los niños sospechan que hay un problema grave y no les cuenta qué pasa, se inventarán una explicación; sus fantasías suelen ser peores que la realidad.

Los niños pueden sentirse heridos si descubren que han sido excluidos de algo importante para ellos y para la familia. Si les involucra, les demuestra que confía en ellos y los aprecia. La situación puede ofrecerles una oportunidad para que se desarrollen emocionalmente y aprendan cómo arreglárselas cuando la vida no va según lo planeado.

La peor forma de conocer las malas noticias es oyéndolas en una conversación. Puede dar a los niños una impresión equivocada: podrían pensar que la situación es tan terrible que no puede hablar de ello, o que no merecen ser incluidos en las conversaciones. Los niños también pueden malentender o malinterpretar la información. Pueden callarse o difundir información incorrecta a otros niños de la familia.

Puede que se pregunte cómo pasarán los niños los malos momentos, pero la evidencia dice que, con ayuda, los niños pueden salir adelante. La investigación demuestra que los niños se benefician de una relación cercana con un adulto (como padres, tíos o amigos de la familia) que les valores y les apoye. Un adulto que mantenga una buena comunicación y apoyo puede ayudar a un niño a soportar los momentos más difíciles.

Hablar con sus hijos sobre cáncer les da la oportunidad de contarle cómo se sienten y les permite saber que está bien hacer preguntas. A veces los niños se sinceran con adultos que no son sus padres. Pueden sentirse culpables por molestar a un progenitor enfermo o por tomar el tiempo de uno sano, así que confiarán en otra persona, como un maestro o un padrastro o madrastra. Como progenitor, es importante que anime a sus hijos a que expresen sus sentimientos y dudas con usted o con alguien de fiar.

Puede que tenga muchas visitas y ayudantes, pero no deje que ellos se encarguen. Intente apartar un tiempo para la familia y para cada uno de sus hijos. Continúe con su rutina cuando sea posible. Agradezca los esfuerzos de sus hijos por ayudar en casa y no los dé por hecho. Deténgase y escuche a sus hijos para que sepa cómo se sienten. Anímeles a contarle si se sienten mal y por qué. Hágales saber que no tienen que preocuparse a solas. Hable también de las actividades de sus hijos, y asegúrese de que saben que está bien seguir divirtiéndose.